El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que una de las prioridades de su administración es asegurar el control y la reactivación de la industria petrolera venezolana.
Esto se explicó tras la captura de Nicolás Maduro, donde Trump centró su primer pronunciamiento en el petróleo, destacando que Venezuela concentra las mayores reservas probadas de crudo a nivel mundial.
Las principales cuencas petroleras venezolanas son tres: Zulia-Falcón, ubicada en el occidente del país, cuenta con cerca de 20,000 millones de barriles de reserva y ha sido tradicionalmente el corazón de la industria petrolera nacional.
La cuenca Oriental, que incluye la Faja Petrolífera del Orinoco, concentra la mayor parte de las reservas probadas con alrededor de 280,000 millones de barriles de crudos pesados y extrapesados, aunque requiere alta inversión y tecnología para su explotación.
La tercera, la cuenca Barinas-Apure, ubicada en el suroccidente, tiene reservas alrededor de 1,000 millones de barriles y producción terrestre de petróleo y gas natural, contribuyendo al entramado petrolero nacional.
Trump anunció reuniones con compañías petroleras estadounidenses, siendo Chevron la única actualmente operando en Venezuela, para discutir un posible regreso masivo de inversiones.
No obstante, persiste el escepticismo en el sector energético por las sanciones vigentes, el deterioro de infraestructura y la pérdida operativa, que dificultan la reactivación rápida y sostenida de la producción.
La figura de Delcy Rodríguez, presidenta interina y responsable de la política de hidrocarburos del chavismo, es clave para definir controles y acuerdos con actores internacionales, incluyendo Estados Unidos.
Su manejo del sector petrolero y las negociaciones en torno al petróleo influirán en el futuro inmediato de la industria energética y la seguridad nacional venezolana.












