La captura de Nicolás Maduro se confirmó como una operación de inteligencia quirúrgica, con apoyo interno dentro del régimen venezolano, según coinciden varios reportes internacionales.
Fuentes de seguridad señalaron que un informante cercano aportó datos precisos sobre movimientos y puntos vulnerables, facilitando la fase final del operativo.
Reportes coincidentes indican que esta estructura de inteligencia trabajó desde meses atrás para seguir patrones y romper el cerco de seguridad presidencial.
Desde Washington se corroboró el papel central de la CIA en la obtención y cruce de información, mientras que la ejecución correspondió a fuerzas especiales.
El expresidente Donald Trump defendió públicamente la operación, calificándola de legal y necesaria, y dejó abierta la puerta a futuras acciones contra miembros del régimen con delitos transnacionales.
En Venezuela la reacción oficial fue mínima, mientras que en círculos políticos y militares crecieron sospechas internas sobre la posible traición desde altos niveles.
El análisis público destaca un quiebre en la imagen de un poder compacto y habla de fracturas y lealtades erosionadas dentro del régimen venezolano.
En el ámbito internacional algunos gobiernos solicitaron información formal sobre el procedimiento, y se debate el impacto en soberanía y derecho internacional que implica esta acción.
Analistas concluyen que ninguna captura de alto valor es posible sin apoyo interno, y la situación venezolana refleja esa realidad con un desgaste que habría impulsado la colaboración.












