Venezuela cuenta con 304,000 millones de barriles en reservas petroleras, la cifra más alta del mundo, 14% superior a la de Arabia Saudita, el segundo lugar con 267,000 millones.
Según la Agencia Internacional de Energía, estas reservas representan 17% del total global, sin embargo, la producción actual del país es apenas 1% del suministro mundial.
Durante 2024, Venezuela produjo alrededor de 952,000 barriles diarios y en 2025 se estima que alcanzó un millón 50 mil barriles, lejos de los 3.5 millones que producía en la década de 1970.
Los ingresos petroleros nacionales fueron 17,520 millones de dólares en 2024 y se proyecta que disminuyan a menos de 15,000 millones en 2025 debido a las sanciones de Estados Unidos y el bloqueo desde agosto, que limitan sus mercados.
Estas sanciones también obligan a vender el petróleo con descuentos de 10 a 12 dólares por barril, principalmente a China, que compra 80% de las exportaciones venezolanas.
La crisis interna incluye la caída de PDVSA, antigua mayor empresa de América Latina, afectada por corrupción, pérdidas de capital humano y boicot, lo que contribuye a la baja producción.
Además, Venezuela perdió el control de Citgo Petroleum en Estados Unidos desde 2019, empresa que posee tres refinerías con capacidad de 800,000 barriles diarios y una red de 4,400 estaciones de servicio.
El proceso de venta de Citgo está en disputa legal y no ha sido autorizado aún por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos, lo que mantiene la incertidumbre sobre su destino.
A pesar de la enorme cuantía de sus reservas, Venezuela no logra traducirlas en beneficios directos para su población, que podría recibir virtualmente 452,000 dólares por persona en teoría, pero que en la práctica no sucede por los problemas descritos.












