Las fuerzas de Estados Unidos interceptaron e incautaron un buque petrolero sancionado frente a las costas de Venezuela, confirmaron funcionarios del gobierno de Donald Trump. La embarcación formaba parte de la flota de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y estaba bajo sanciones estadounidenses por su papel en exportaciones de crudo restringido.
De acuerdo con fuentes citadas por Reuters y Bloomberg, la operación fue liderada por la Guardia Costera de Estados Unidos, con apoyo del FBI, Investigaciones de Seguridad Nacional y el Departamento de Defensa. La Casa Blanca no ha dado detalles sobre el lugar exacto de la interceptación ni sobre el destino final del cargamento de crudo.
Medios internacionales identifican al buque como el Skipper, anteriormente llamado Adisa, señalado por Washington de transportar petróleo venezolano e iraní en violación de sanciones. El navío habría zarpado del puerto petrolero de José, en el oriente de Venezuela, entre el 4 y 5 de diciembre, cargado con más de un millón de barriles de crudo pesado Merey.
La fiscal general estadounidense, Pam Bondi, publicó en la red social X un video de unos 45 segundos en el que se observa a dos helicópteros acercarse al petrolero mientras elementos armados, con uniformes de camuflaje, descienden por cuerdas hasta la cubierta. En su mensaje, Bondi afirmó que el barco había sido sancionado “durante varios años” por integrar una red ilícita de transporte de petróleo que, según Washington, apoya a organizaciones terroristas extranjeras.
La incautación se enmarca en una ofensiva más amplia contra el gobierno de Nicolás Maduro, al que Estados Unidos no reconoce como legítimo y acusa de encabezar el llamado Cártel de los Soles. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, su administración ha endurecido las sanciones petroleras y notificó a socios extranjeros de PDVSA la posible cancelación de permisos para exportar crudo y derivados desde Venezuela.
En paralelo, Washington desplegó desde mediados de año la operación Lanza del Sur, un dispositivo militar sin precedentes en el Caribe y el Pacífico con el argumento de combatir el narcotráfico. En el marco de ese operativo, las fuerzas estadounidenses han destruido más de una veintena de embarcaciones señaladas de transportar droga, con un saldo de más de 80 tripulantes muertos, hecho que organizaciones y expertos describen como posibles ejecuciones extrajudiciales.
“Esta incautación envía el mensaje de que Estados Unidos está dispuesto a golpear directamente la fuente principal de ingresos petroleros del chavismo.”
Desde Caracas, el gobierno venezolano ha venido calificando estas acciones como actos de “piratería internacional” y parte de una estrategia para asfixiar económicamente al país. Maduro ha llamado en distintos actos públicos a campesinos, pescadores y milicianos a prepararse para resistir lo que describe como amenazas de invasión y maniobras para apropiarse de los recursos energéticos de Venezuela.
Trump, por su parte, ha destacado públicamente que el buque incautado es “el más grande” que Estados Unidos ha tomado hasta ahora y ha insinuado que el país podría quedarse con el petróleo a bordo. El mandatario ha hablado en repetidas ocasiones de la posibilidad de acciones militares directas contra el régimen de Maduro y, al mismo tiempo, de aumentar la presión mediante lo que asesores han descrito como un posible bloqueo petrolero.
Pese al tono confrontativo, a inicios de mes Trump y Maduro sostuvieron una conversación telefónica que medios como The Washington Post describen como cordial. Según esas versiones, el presidente estadounidense expresó que le gustaría que Maduro dejara el poder, pero no fijó plazos ni emitió ultimátums, y ambos líderes se comprometieron a mantener canales abiertos de comunicación.
Analistas advierten que la incautación del Skipper puede desalentar a otros transportistas a cargar crudo venezolano, encarecer los seguros marítimos en la zona y añadir presión a una industria ya afectada por sanciones y caída de inversiones. A corto plazo, el impacto en la oferta global de petróleo parece limitado, pero el episodio eleva las tensiones entre Washington y Caracas y añade incertidumbre sobre los próximos pasos en la disputa por el control de las rutas energéticas del Caribe.












