La agricultura mexicana contribuye significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero, siendo la ganadería el sector predominante.
De acuerdo con información de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la fermentación entérica del ganado genera 85,679.03 kilotoneladas de dióxido de carbono equivalente, posicionándola como la mayor fuente de emisión dentro de la actividad rural.
Le sigue la gestión del estiércol con 30,490.72 kilotoneladas y los suelos agrícolas con 20,370.38 kilotoneladas, indicadores de prácticas comunes en el campo mexicano.
Otras fuentes como la aplicación de urea, quema de residuos agrícolas, cultivo de arroz y encalado aportan cantidades menores a las emisiones totales.
Estos datos evidencian la importancia del manejo de desechos animales y el tratamiento del suelo como factores relevantes en la huella ambiental del sector.
El reto de mitigación se concentra particularmente en la ganadería, lo que implica la necesidad de implementar políticas y tecnologías enfocadas a reducir su impacto climático.
No se informó sobre medidas específicas a seguir para la reducción de estas emisiones en el reporte consultado.
El enfoque en estas áreas podría contribuir a disminuir la presión ambiental de la agricultura y apoyar los compromisos nacionales frente al cambio climático.












